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El Cirio de Lourdes

UN CIRIO ES UN CIRIO,
PERO EL CIRIO DE LOURDES TIENE UNA HISTORIA.
LA VIRGEN MARÍA, LA GRUTA Y EL CIRIO FORMAN PARTE DE UN TODO.
SON ÚNICOS EN TODO EL MUNDO

Un cirio es una vela cuyo uso está reservado exclusivamente a un culto. 
En la liturgia, cada vez que la comunidad cristiana se reúne para celebrar se enciende un cirio.

EL CIRIO SIMBOLIZA LA LUZ

El cirio está al servicio de la luz y, como subrayan las palabras de Cristo:
"Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

El cirio puede ser más o menos grande, largo o estrecho dependiendo de su finalidad. 
Estas son las categorías principales :

arrowEl Cirio Pascual, que representa a Cristo resucitado
arrowEl Cirio Litúrgico: los cirios de los altares
arrowEl Cirio de Devoción: el cirio que sostenemos en nuestras manos.

arrowEl Cirio del Bautismo
arrowEl Cirio de la Candelaria
arrowEl Cirio de Procesiones Marianas

Historia del Cirio y Bernadette

La luz siempre ha estado presente y ha acompañado al hombre desde el principio de los tiempos. Debido a la persecución que sufrían, los primeros cristianos se vieron obligados a reunirse en lugares ocultos y subterráneos que necesitaban luz. Asimismo, las primeras iglesias dejaban pasar muy poca luz para evocar el recogimiento en la penumbra.

Durante siglos se utilizaron los juncos para hacer velas. Se cortaban con precaución para no estropear el interior y se sumergían en grasa animal o vegetal, que después se dejaba endurecer. Luego las velas de junco se colocaban sobre un soporte para quemarlas.

En Occidente, a partir de la Edad Media, la vela rivaliza con la lámpara de aceite.
Esta consiste en una mecha rodeada de sebo de vaca u oveja; la vela es más práctica, sin ser excesivamente cara (pero está sujeta a impuestos y el aceite sigue siendo más económico).

El término francés "bougie" no se incorpora a la lengua hasta el siglo XIV. Deriva de la palabra BUGAYA, una transcripción en árabe de BGAYET, nombre de una ciudad marítima de Argelia (actualmente Bejaia).
Esta ciudad proporcionó una gran cantidad de cera usada en lugar del sebo para las velas. En aquella época, las velas naturales eran de color amarillento. Se conseguían velas blancas si la cera se dejara primero blanquear al sol durante varios días o incluso semanas. Las velas blancas eran más caras y sólo se usaban en los palacios reales.

En conclusión, la palabra francesa que designa la vela (bougie) únicamente se utiliza para los productos hechos de cera de abejas y el sinónimo "chandelle" se reserva a los productos hechos de sebo.

La nobleza y el clero se iluminaban con velas de cera de abejas, mientras que el pueblo usaba velas de sebo de oveja o vaca, que eran mucho más baratas.
La vela de cera, tal como la conocemos, fue desarrollada a mediados del siglo XIX y se distingue de la vela de sebo por su materia prima y por la incorporación de mechas de algodón tejido.

La vela de sebo comenzó a desaparecer.
Gracias a los descubrimientos de ciertos químicos, se inventó la vela esteárica (basada en un ácido graso particular: el ácido esteárico).
La aparición de la parafina sólida y de la estearina (extraída de grasa vegetal o animal) facilitó la elaboración de velas de mejor calidad.

El siglo XIX revolucionó el mundo de las velas, pero también nuestra ciudad de Lourdes, tras las apariciones de la Virgen María a Bernadette Soubirous.

El cirio de Lourdes se fabrica en Lourdes

A lo largo del relato de las apariciones, observamos el lugar preponderante que ostenta el cirio en Lourdes.

Siempre ha estado presente y simboliza para cada peregrino, enfermo o visitante una luz en su aflicción o angustia, que ilumina el camino hacia el alivio y la esperanza.

EL CIRIO DE LOURDES TRANSMITE UN MENSAJE PERSONAL.

Bernadette venía del pueblo, era pobre y sólo tenía velas de sebo.
No eran blancas sino de una tonalidad blanco crema.

En la actualidad, los cirios fabricados en la Ciergerie de Lourdes tampoco son de un blanco puro, sino que mantienen el tono crema. Su base está cubierta con el azul mariano (que recuerda al azul del cinturón de la Virgen). Los fabricamos aquí, en la ciudad mariana.


UN CIRIO ES UN CIRIO,
PERO EL CIRIO DE LOURDES TIENE UNA HISTORIA.
NUESTRO CIRIO, LA GRUTA Y LA VIRGEN FORMAN UN TODO.
SON ÚNICOS EN TODO EL MUNDO.

 

El cirio y Lourdes: una unión sagrada

Hemos de retrotraernos a la época de Bernadette, cuando el fuego y las velas jugaban un papel importante en la vida de los bigorranos.

La medicina no había adquirido su actual dimensión científica y se recurría a menudo al diagnóstico con velas cuando los curanderos llegaban a los límites de su conocimiento frente a la enfermedad. Se colocaba una vela en las cuatro patas de la cama y se les daba el nombre de cuatro santos que estaban a favor de la curación. La vela que primero se agotaba indicaba el santo a quien cabía encomendarse.

En el solsticio de verano, como en el resto del mundo, los lourdenses encendían grandes hogueras para celebrar la fiesta de San Juan Bautista. Ofrecían plegarias y luego hombres, mujeres y ganado saltaban las llamas para solicitar su benevolencia.

En ese momento, el fuego era todavía un aliado contra muchas incertidumbres e incógnitas.
El clero daba preponderancia a dos elementos naturales que bendecía en diferentes ocasiones: el agua y las velas. El cirio se inscribe en el ámbito de lo sagrado.

Ahora que hemos explicado el contexto, podremos entender mejor la actitud de Bernardette hacia la Virgen y el papel del cirio a lo largo de las apariciones.

El cirio y las apariciones

En la primera aparición, Bernadette está temerosa y preocupada por este acontecimiento, que no entiende. Se enfrenta a ello con las armas que posee: el agua y el cirio benditos.

A partir de la tercera aparición, hay un cirio presente y se enciende. Bernadette le pide a Madame Milhet que traiga su vela bendita para protegerles. Durante el éxtasis el cirio arde todo el tiempo. Bernadette relata que la Virgen contempla la luz constantemente.

En las apariciones siguientes, Bernadette estará acompañada de su cirio bautismal, encendido por su tía Lucía, que también es su madrina. Ella lo enciende hasta la decimoséptima aparición.

La luz es omnipresente en las apariciones: el rostro de Bernardette iluminado, la luz invisible de la Virgen y la luz del cirio.
Durante sus éxtasis, Bernadette está aislada, separada del mundo. Cuando la llama de su cirio se extingue por una corriente de aire, ella se lo da a su vecina para que lo vuelva a encender de inmediato. Parece como si el cirio formara parte del éxtasis. Es como si se tratara de una conversación a tres: la Virgen, Bernadette y el cirio encendido.

La decimoséptima aparición recibe el nombre de "Milagro del Cirio"
Es el miércoles posterior a la Pascua, 7 de abril de 1858. El Cirio Pascual arde en la iglesia parroquial mientras se produce un milagro en la gruta ante la mirada de todos los presentes.

Para comprender la sucesión de eventos en esta aparición, debemos retroceder al 6 de abril de 1858.
En Lourdes hay una agitación fuera de lo común cerca de la casa de la familia Soubirous, en la calle de las pequeñas zanjas. Todo el mundo quiere tocar y conocer a Bernadette.

En la mañana del 6 de abril, el hijo de los Vergès viene a invitarlos a comer porque su padre, Blazy, quiere dar las gracias a Bernadette por su curación. La familia Soubirous acepta la invitación para escapar del tumulto en Lourdes por unas horas.

Se trasladan a Adé, donde Blazy, antiguo alcalde del pueblo, es un comerciante de vino. Llevaba años sufriendo un reumatismo incapacitante y su médico, el doctor Larré, no había logrado aliviarlo. Al oír que un nuevo manantial en Massabielle aliviaba las dolencias, decide conducir a su paciente allí para que se moje el hombro con su agua. No percibe ningún efecto antes de volver a Adé pero, de vuelta a casa, recupera el uso del hombro.

Con esta invitación, quería agradecer a Bernadette el haber encontrado la fuente, y dar gracias a la Virgen por haberle devuelto la salud ofreciéndole un gran cirio.
Bernadette pidió que la llevaran a Lourdes a la casa del Padre Pomian para ser confesada y bendecir el cirio de Blazy, que quería llevar a la gruta al día siguiente.
Por la noche, el hijo de los Vergès cena en casa de los Soubirous. El ambiente es insoportable. Les propone ir a dormir a Adé. Promete llevarlos de vuelta a la gruta de Lourdes por la mañana temprano. Ellos aceptan.

La mañana del 7 de abril, este deposita a la familia Soubirous en la gruta, donde se han congregado numerosas personas a la espera de Bernadette. El doctor Dozous asiste a la aparición para dar fe de la veracidad de los hechos.
Bernadette está de rodillas frente a la gruta y coloca el cirio frente a ella. Entrando en éxtasis, coloca sus manos sobre la llama para protegerla durante diez minutos. Los testigos presentes afirman ver la llama entre sus dedos. Pero ella no siente el calor. La aparición dura más o menos una hora. Finalmente, Bernadette se levanta y lleva el gran cirio al fondo de la cueva, donde terminará de arder. El doctor Dozous la detiene para examinarle las manos, pero no aprecia signos de quemaduras. Varias personas que conocían a Bernadette y que estaban presentes en el momento de esta aparición la obligaron a hacer lo mismo sobre una vela por la noche. Bernadette se sorprende de su actitud porque no recuerda sus manos en medio de la llama. No puede mantener sus manos en la llama. Se quema.
En la aparición anterior, la Virgen le había pedido que dejara arder su cirio en la gruta. Lourdenses y visitantes imitan a Bernadette y dejan que todos sus cirios se consuman en la gruta. En vista de la cantidad de cirios, el superintendente Jacomet prohíbe que depositen más velas en este lugar.
El testimonio que sigue desvela el mensaje de Lourdes.

Una señora que porta a su hijo enfermo interprela a Bernadette. Le pide que rece por su hijo y le entrega un cirio para presentarlo a la Virgen.
Bernadette responde que rezará por su hijo. En cuanto al cirio, le propone dejarlo en la gruta o llevarlo a la iglesia en honor a la Virgen.
Este mensaje está dirigido a cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros debe hacer un viaje personal de oración acompañado de un cirio encendido como signo de luz.

Así es como la luz que simboliza a Cristo brilla sin cesar en la ciudad mariana a través del cirio.

UNA DE SUS MANIFESTACIONES ES LA "PROCESIÓN DE LAS ANTORCHAS"

La Procesión de las Antorchas data de la época de las apariciones y se celebra en el mes de María.

El 7 de mayo de 1858, el comisario Jacomet hace colocar un cartel en la gruta: queda prohibido depositar cualquier objeto, bajo pena de multa.

Los lourdenses se afanan por eludir esta prohibición. Las primeras en encontrar un resquicio son las jóvenes de la Hermandad de las Hijas de María. Deciden ir en procesión a la gruta al anochecer, cantando alabanzas a la Virgen con cirios encendidos, y regresar con ellos. Su procesión tiene un gran éxito. El superintendente se enfada y planea procesarlas por alboroto nocturno. El cura de la parroquia, el abad Peyramale, les regaña y pide que la procesión se celebre con menos fervor. 

Así nació la procesión mariana.
Unos años más tarde, un padre capuchino de Toulouse, Marie-Antoine de Lavaur, reanuda la procesión de las antorchas en las primeras peregrinaciones de 1872.

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